Compartimos en el ciclo de textos de los lunes, la primera parte de la obra teatral "¿Qué, cómo?", del dramaturgo, actor y director Martín Seijo, que integra el elenco de Entrevistas breves con escritores repulsivos. Con motivo del Día de la Soberanía Nacional, el lunes 28 de noviembre, la Compañía de Funciones Patrióticas (de la que Seijo forma parte) presentará en la Fundación PROA -18 horas- esta obra, de la que compartimos el primer capítulo.

Martín Seijo
1. ¿Qué?
VOZ DEL ESTADO (este párrafo es una adaptación del escrito por el filósofo Christian Ferrer para su libro Cabezas de tormenta): En 1889, el anarquista Errico Malatesta abandona la Argentina, dejando atrás el combativo sindicato que había ayudado a organizar, el sindicato de panaderos. Muchas de las facturas que despachan las panaderías porteñas tienen su origen en Europa, pero aquí adquirieron formas singulares y apodos sugerentemente blasfemos. “Cañones”, “bombas”, “vigilantes”, “bolas de fraile”, “suspiros de monja”, “sacramentos”, facturas pensadas para mofarse del ejército, la policía y la Iglesia. El vínculo entre palabra y comida parece haber sido suturado con hilo de coser ideológico. Pero los porteños ya no reconocemos en los nombres de la repostería su retintín inquietante, pues rara vez pensamos el vínculo entre nombre y forma, entre palabra y cosa, menos aún la relación entre origen político-lingüístico y costumbre gastronómica. Las palabras suelen osificarse en el uso cotidiano, y lo que en un tiempo fue escándalo hoy es rutina. Por su parte, el anarquismo argentino (y mundial) ha quedado angostado a un mínimo caudal y su audibilidad política es muy escasa. Sin embargo, cada vez que mordemos una factura, el crujido de lo que en otros tiempos fue sarcasmo sedicioso popular rechina entre los dientes.
Es de madrugada. Tres panaderos amasan en silencio. Dale que te dale, vuelta a vuelta, contra la mesa, contra la pared, la masa cae al piso, es arrojada al aire, harina por todos lados, por todos los poros. Tosen. Estornudan. Uno de ellos, Panadero 1 (levanta el brazo, puño cerrado), cree que es alérgico a alguna de las materias primas que utilizan, pero nunca se preocupó por saber a cuál. Prefiere seguir con su vocación. Siente que nació para amasar panes, facturas, pastas, pizzas. Solo para preparar, ya no para comer. Es celíaco, pero lo ignora, como sucede con la mayoría de las personas que tienen esa enfermedad. Entonces, ¿está enfermo? El otro, Panadero 2 (levanta el brazo, puño cerrado), es quinta generación en este sacrificado oficio. Uno de sus antepasados, el bisabuelo o tatarabuelo, no recuerda bien, fue uno de los primeros panaderos sindicalizados y tuvo el honor de conocer nada más y nada menos que al anarquista Errico Malatesta. Fabula con refundar el anarquismo y le encanta demostrar sus conocimientos sobre el movimiento ácrata, pero en el fondo no deja de ser un patrón de medio pelo. Completa el trío su mujer, Panadera (levanta el brazo, puño cerrado), que vino del interior profundo, callada, pero no sumisa, habla lo justo y necesario, pero cuando habla te la manda a guardar. Sin embargo, a pesar de esta fortaleza en el decir, no consigue imponer sus sentimientos en el hacer. Las cosas que le pasan, le pasan porque lo deciden otros. Ella balbucea, refunfuña, pero no se atreve a más. Fue así que, sin desearlo, y a escondidas del Panadero 2 (levanta el brazo, puño cerrado) terminó siendo amante del Panadero 1 (levanta el brazo, haciendo cuernitos). Sabe que está en infracción, en pecado, en peligro, en el horno, pero no sabe cómo salir de toda esta situación que ella misma permitió con su pasividad. La escena arranca con un juego de palabras entre los panaderos (ambos levantan brazos con puños cerrados).
PANADERO 1: Secretario de Comunicaciones, no, mejor dicho, Vocero Presidencial. ¿Cómo se llamaría el Vocero Presidencial?
PANADERO 2: Esperá, esperá. ¿Cómo sería? Eh…
PANADERO 1: ¡Ricardo Tira buzones!
Se ríen los panaderos. La panadera no, apenas una mueca.
PANADERO 2: Escuchá éste. Ministro de Defensa… Mario Cañón.
Se ríe solo.
PANADERO 1: Dije nombres que tengan que ver con el rubro fábrica de pastas, que se relacionen con esa actividad. Cañón es una palabra muy de panadería.
PANADERO 2: No se me ocurría nada, perdón. Me cuesta pensar en otro trabajo.
PANADERO 1: ¿Quiere un Ministro de Defensa? Le doy un Ministro de Defensa. ¡Francisco Municiones!
Se vuelven a reír ambos. La Panadera ya ni siquiera hace una mueca.
PANADERO 2: Dale, reíte, muerta. (A Panadero 1.) No tiene sentido del humor.
PANADERA: Y vos no tenés sentido.
PANADERO 2: ¿Qué, cómo?
PANADERO 1: ¿La Casa de Gobierno? Este es buenísimo. ¡La Salsa Rosada!
Vuelven a reírse Panaderos 1 y 2. Uno de los panaderos tose sobre la masa. El otro empieza a estornudar.
PANADERO 2: Hacete ver, ¿querés? No vas a poder seguir trabajando así. Me estás escupiendo toda la masa.
PANADERO 1: Es una alergia, no sé a qué, pero no tengo ningún bicho, lo juro.
PANADERA: Debe ser alergia al trabajo.
PANADERO 1: ¿Qué, cómo?
PANADERO 2: Es mi turno, pero no sirvo para esto.
PANADERO 1: No lo quiero apabullar, pero ya tengo otro listo.
PANADERO 2: Dale, nomás. Me ganaste.
PANADERO 1: ¿Secretario de Medio Ambiente? Adivinen… ¿No saben? Carlos A. Pesto.
Vuelven a reírse de manera exagerada. Panadero 2 palmea fuerte a la Panadera, que se mantiene inmutable. Otra vez el Panadero 1 estornuda sobre la masa.
PANADERO 2: ¡Basta, nos va a caer Bromatología!
PANADERO 1: Perdón, perdón, voy a tratar de apuntar hacia otro lado. Lo que pasa es que me viene de repente.
PANADERA: De repente también te va a llegar el telegrama de despido.
PANADERO 1 y 2: ¿Qué, cómo?
PANADERA: Terminé.
Muestra una factura con forma de letra “k”. La agarra el Panadero 1.
PANADERO 1: Esta factura se está vendiendo como pan kaliente.
PANADERO 2: Sí, pero no sé si se llega a captar el mensaje que queremos dar. Me parece que se la están comiendo los que están a favor del gobierno. Se transformó en un ícono de su victoria. Si es así, todo este esfuerzo para qué sirve. Termina siendo funcional al sistema. Se supone que es para mofarse, para protestar, no para festejar.
PANADERA: Esto nos enseña que el peronismo es antropofágico.
PANADERO 1: ¿Qué, cómo?
PANADERA: Cuando no le quede a quién devorar, se dedicará a devorarse a sí mismo, en un extraño caso de autofagia que lo llevará a su extinción.
PANADERO 1: Entonces, ¿nos quedamos con los brazos cruzados esperando a que se agudicen sus contradicciones internas? La espera es un estado marxista, el anarquista no espera nada de nadie.
PANADERO 2: No estamos cumpliendo los objetivos que nos trazamos con nuestras facturas y panes. Por ejemplo, cuando sacamos el bigotín, el tipo se lo afeita por orden de su asesor de imagen. Así la cosa no va.
PANADERO 1: No se desespere, jefe.
PANADERO 2: No me llames así.
PANADERO 1: Hay que seguir probando. Ya vamos a lograr nuestra primera bola de fraile, y después vendrán encadenados un éxito tras otro. Nuestros sacramentos, nuestros suspiros de monja, nuestros vigilantes.
PANADERA: Y quedaremos inmortalizados en los anales de la gastronomía política.
PANADERO 2: Mi bisabuelo Tito…
PANADERA: Tatarabuelo.
PANADERO 2: … ¿qué consejo nos daría? ¿Les conté cuando Tito conoció a Malatesta?
PANADERA: Ahí vamos otra vez.
PANADERO 1: Cuente, me gusta esa historia.
PANADERA: Te gusta porque te paga para que la escuchés.
PANADERO 1: ¿Qué, cómo?
PANADERO 2 (a la Panadera): Amor, ponete la marcha ácrata de fondo. Así me inspiro para relatar mejor. Ojo, mientras seguimos trabajando, eh. Que se nos viene la mañana encima.
PANADERA (mientras cumple con el pedido): Odio estas canzonetas con todo mi cuerpo. (Se burla de los primeros acordes. Tararea de forma despectiva.)
PANADERO 2: Eran años bravísimos para los trabajadores. Y Malatesta era el hombre indicado para oponerse a semejante explotación. Con tan solo catorce años, fue llevado de los pelos a la Comisaría de Nápoles a causa de una carta subversiva que le había enviado al rey Víctor Manuel III. Y eso que, por entonces, apenas era partidario de los ideales republicanos. Estaba calentando motores, como se dice.
PANADERO 1: Debe haber sido un niño terrible este Malatesta. Hasta el apellido tenía jodido.
PANADERA: Sí, sí, se dice que organizaba barricadas con muñecos de trapo. Y lanzaba chupetazos con una gomera.
PANADERO 1 (ingenuo): ¿De verdad?
PANADERA: Si mi hijo llega a caer preso a esa edad, que se olvide de su madre.
PANADERO 1: ¿Qué hijo?
PANADERA: Uno que tuve por ahí. La vida nos separó. La vida es una mierda.
PANADERO 2: Traten de no interrumpir que me desconcentro, por favor. Sigo. Malatesta estuvo por todos lados propagando su particular mirada del anarquismo. Suiza, España, Rumania, Francia, Bélgica, Inglaterra, Egipto. Y en 1885, creo, llegó a la Argentina, donde funda la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos.
PANADERO 1: La famosa SOCORECOPAN.
PANADERO 2: A mi bisabuelo…
PANADERA: Tatarabuelo.
PANADERO 2: … lo conoció en la primera asamblea en la que se empezó a discutir el estatuto del panadero/
Llaman enérgicamente a la puerta. Se escucha gritar a alguien: “¡Abran, abran! ¡Fui víctima de la inseguridad! ¡Abran!”
Se apaga la música. Se escuchan gritos desgarradores de dolor. Luego: “¡Necesito ayuda, estoy malherido!”
PANADERA (hablando bajito): Y sí, no existe buenherido. Para la víctima siempre es algo malo que la hieran.
PANADERO 1: ¿Será verdad? ¿Abrimos?
PANADERO 2: Alguien ya lo va a ayudar.
PANADERO 1: Pero son las cuatro de la mañana. No debe haber gente en la calle.
PANADERO 2: Sigamos trabajando sin levantar la perdiz.
PANADERA: Ah, mirá el anarquista, el preocupado por las injusticias del mundo, el que se llena la boca hablando de solidaridad.
PANADERO 2: ¡Bajá la voz, querés! La solidaridad de la que nos habla Malatesta no es individual, es colectiva, organizada, por eso es emancipadora. No va a cambiar absolutamente en nada el mundo porque se abra o no esa puerta. Si es cierto lo que grita, ¡que se joda, seguro que es un burgués gentilhombre!
Más gritos: “¡Por favor, tengan piedad! Soy padre de familia. Empresario. ¡Puedo recompensarlos!”
PANADERO 2: No les dije, no les dije. (Grita.) ¡Quien quiera que seas, acá no sos bienvenido! (Se da cuenta enseguida del error que cometió.)
PANADERA: Listo, te escuchó, ahora abrile, por pelotudo.
PANADERO 1 (mientras se dirige a la puerta): No creo que esté mintiendo. Suena bastante real.
PANADERO 2: Pará, está bien, abrí. Pero antes escondamos todo lo que nos comprometa, por las dudas.
PANADERA: Paranoico y mesiánico. Te creés tan importante.
PANADERO 2: ¿Qué, cómo?
Accionan rápidamente pero algunas cosas, por el apuro, quedan a la vista: el cuadro con la foto de Malatesta, algunas facturas K y PRO, parte de la bandera ácrata. El Panadero 1 abre. Entran dos inspectores municipales. Era todo una trampa.
INSPECTOR 1: ¡Qué cabezas de chorlitos resultaron ser! Caer con un truco tan viejo. Me los hacía más inteligentes.
PANADERO 2: Esto es ilegal. Está violando todos los procedimientos.
INSPECTOR 2: Tiene razón. (A su compañero.) Te dije.
INSPECTOR: No me hagan reír. ¿Justo ustedes nos van a venir a correr con la ley? Si los anarquistas no respetan ni a sus madres.
PANADERO 1: ¿Anarquistas? ¿Qué es eso?
PANADERO 2: Sí, me parece que se está confundiendo de personas.
INSPECTOR 1: Están fritos, muchachos. No me la hagan más difícil.
INSPECTOR 2: Fueron denunciados por la poderosa Cámara Argentina de Panificación con apoyo del no tan poderoso Sindicato de Panaderos y afines.
PANADERO 2: ¡Burócratas!
PANADERO 1: ¡Vigilantes! (A Inspectores.) Perdonen, lo digo por ellos, no por ustedes.
INSPECTOR 2: Entendemos el exabrupto.
INSPECTOR 1: No tiene por qué disculparse.
PANADERO 2: ¿De qué se nos acusa?
INSPECTOR 1: Artículo 8 punto 7 punto 9 punto 3 punto com punto 2 punto A punto 3 punto ve corta del Código de Habilitaciones.
Silencio prolongado. El Inspector 1 da por hecho que todos saben qué dice el artículo citado.
PANADERA: No se preocupen, yo hago la pregunta del millón. ¿Qué dice ese artículo?
INSPECTOR 1: Ah, no sé. Esperen que me fijo en el Código. (Saca de su organizador el Código. Busca ante las miradas impacientes y preocupadas de los panaderos y de su compañero.) ¿Dónde está?
INSPECTOR 2 (de memoria): “Sobre el origen político-lingüístico y las costumbres gastronómicas. A partir del 1 de enero de 2007, se prohíben nuevas denominaciones de facturas, postres, bebidas, y toda mercadería pasible de ser ingerida, que atenten contra, ofendan a, y/o se burlen de, las instituciones instituidas e instituyentes de nuestra sociedad, a saber: Estado, gobierno/
PANADERA: Son la misma cosa.
INSPECTOR 2: ¿Qué, cómo?
PANADERO 2: Nada, disculpe a mi mujer, continúe.
INSPECTOR 2: Estado, gobierno, familia, policía, iglesia, Asociación del Fútbol Argentino…
INSPECTOR 1 (interrumpiendo): Y sigue la lista.
INSPECTOR 2 (sigue de memoria): “Solo se permitirán aquellas denominaciones que acrediten existencia en el lenguaje gastronómico cotidiano antes de la fecha límite mencionada más arriba y que figuren debidamente incorporadas en el Registro de Términos Gastronómicos Ofensivos y Revulsivos del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires”.
INSPECTOR 1 (volviendo a interrumpir): Eso es todo lo que dice el artículo.
INSPECTOR 2: No, falta.
INSPECTOR 1: Es suficiente.
Nuevo silencio prolongado. Cruce de miradas.
PANADERA: Ok, hago otra pregunta del millón. ¿Qué relación tiene ese artículo con el trabajo que hacemos en este local?
INSPECTOR 2: Según obra en el expediente, ustedes son los inventores del bigotín, de las bolas de Mauri, del triangulito PRO.
INSPECTOR 1: Lo sentimos mucho, pero vamos a tener que clausurarlos por tiempo indeterminado.
LOS 2 PANADEROS: ¿Qué, cómo?
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada